
En general, damos por hecho que el sufrimiento «humano» es peor que el sufrimiento «animal», sin pensar que ha de haber un punto en el que a la víctima le resulte en idéntico grado indeseable, con independencia de qué haya que hacer a cada cual para que ese punto se produzca. Y cuando sucede, ¿qué tenemos que decir al respecto?
Sobre ello reflexionamos en el artículo de opinión del mes.
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