SOLICITAN CINCUENTA EUROS DE MULTA PARA QUIEN OMITIÓ EL AUXILIO A JUANI
Celebrada la vista contra el presunto responsable de la grave desatención a Juani, la gata que cayó desde el balcón de la vivienda con el collar incrustado en su cuello, y que se recuperó de forma milagrosa tras un mes de intensos cuidados, y tras la abrumadora evidencia de los hechos, el Ministerio Fiscal solicitó a la jueza una condena de veinticinco días de prisión –a razón de dos euros diarios–, así como al pago de las costas por la atención veterinaria (aunque esto no debería computarse como “castigo”, pues queda especificado en la legislación proteccionista que es una obligación de todo propietario ofrecer a los animales bajo su cargo la atención precisa, cosa que el imputado obviamente no hizo).
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Apenas diez día después de la indolente actitud mostrada por una pareja de agentes de la Policía Municipal de Vitoria ante los requerimientos de ATEA para que levantaran acta del evidente maltrato psicológico a que estaban siendo sometidos los burros durante la provinciana carrera que cada año organiza la Comisión de Blusas y Neskas, este cuerpo vuelve a demostrar su más absoluta impericia en el campo de la protección animal, actitud acompañada esta vez de burdas mentiras, que sin embargo quedan impunes una vez tras otra por el poder que ostenta toda institución pública.
ATEA ha interpuesto una denuncia ante el Ayuntamiento de Barcelona por el permanente estado de aislamiento a que es sometido un perro por parte de sus propietarios en la terraza de una vivienda de la calle Ripollés. Según se ha comprobado, el animal –un individuo mestizo de capa negra, de mediano tamaño– se encuentra de forma permanente en la terraza de la vivienda, aislado del interior de la misma. Por lo que cuentan algunos vecinos consultados por esta asociación, el animal sufre este calvario desde siempre: es decir, desde hace unos diez años. Como información adicional, decir que son muchos los días en que nadie sale a la terraza para comprobar que el perro se encuentre bien, o para cerciorarse de si necesita agua o comida. Y cuando se da la circunstancia de que alguien visita este espacio (parta tender ropa, por ejemplo), no presta la menor atención al pobre animal.
Se ha interpuesto una denuncia ante el Ayuntamiento de la localidad cántabra de Argoños, por la situación que sufre un perro. Los hechos ocurren en una finca de la zona, donde hemos observado que en un espacio acotado por diversas plataformas de madera y somieres, se encuentra un perro tipo pastor vasco, permanente atado a una cadena de muy cortas dimensiones. No es necesario incidir demasiado en lo que representa para animales de naturaleza amistosa y sociable –como de hecho son los perros– permanecer en perpetuo estado de encadenamiento, sin más radio de acción que unos escasos metros. Como es lógico, la situación les afecta de forma grave en su equilibrio psicológico, pues cercena sus más elementales necesidades emocionales. Es por ello que resulta muy difícil no calificar la actitud de su propietario (al parecer, una persona de edad que vive en el pueblo) de crueldad gratuita, pues dicho animal no recibe ni de lejos el trato y atención que todo ser sensible merece. El permanente confinamiento a una corta cadena (que lo es en tal medida que hemos podido apreciar en el animal una extraña curvatura en las patas, con toda probabilidad ocasionada por su situación) y en un entorno maloliente, fruto de la falta de higiene y de sus propios orines y excrementos, supone objetivamente un terrible maltrato, y, por descontado, parece claro que su situación vulnera de manera flagrante la normativa cántabra de aplicación. 










