¿CONSULTAS POPULARES?

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¿Acertamos los animalistas al reivindicar «consultas populares» para decidir sobre la celebración de espectáculos taurinos? ¿Acaso no se degrada con ello la importancia de la causa (pues deja en manos de la gente la tortura pública de inocentes)? ¿Deberíamos establecer dicho aspecto como una suerte de línea roja?

Sobre algunos de estas cuestiones reflexionamos en el siguiente artículo de opinión:

 UNA CRÍTICA RAZONADA A LAS “CONSULTAS POPULARES” (SOBRE TAUROMAQUIA)

  

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'PORQUE TAMPOCO LES GUSTA A ELLAS'

VAQUILLA EMBISTE

 

Seguro que os interesa la lectura de este artículo de opinión, donde reflexionamos sobre el trato que reciben las vaquillas, y que no suele considerarse maltrato, por la simplona razón de que no son heridas ni muertas en público.

 https://www.naiz.eus/eu/iritzia/articulos/porque-tampoco-les-gusta-a-ellas

 

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POR UNOS 'SANFERMINES' SIN VIOLENCIA HACIA INOCENTES

VAQUILLA SANFERMINES

 

Un año más, Pamplona se prepara a celebrar sus fiestas, que en buena medida se sustentan publicitariamente en la agresión brutal a seres inocentes (toros), en sus dos versiones escenográficas principales: corridas y encierros. En dicho sentido, deseamos hacer llegar a la opinión pública nuestro firme rechazo a cualquier manifestación lúdica que implique sufrimiento gratuito a inocentes (como desde luego es el caso).

Digámoslo claramente: los encierros más famosos del mundo, los de Pamplona, constituyen de facto una burda agresión gratuita a seres por naturaleza pacíficos y huidizos. En consecuencia, ni la tradición ni la aceptación secular pueden legitimar esta canallada.

En ATEA seguimos creyendo que TODO SUFRIMIENTO ES IGUAL ―al menos porque siempre se muestra indeseable para quien lo padece―, sea cual sea la naturaleza, sexo o especie de la víctima. Por eso condenamos cualquier tipo de agresión gratuita a los animales no humanos. Y, por pura coherencia ética, también la infligida a humanos, sean estos hembras, machos, hermafroditas o asexuales (¿qué puede importar dicho detalle cuando de aplicar justicia se trata?).

La sociedad (española en general, y pamplonica en particular) debemos hacer frente a una profunda reflexión sobre la licitud moral que nos asiste para infligir sufrimiento a inocentes, por obtener con ello diversión y placer. Tal escenario nos aboca sin duda a una incongruencia moral inaceptable en la tan cacareada Sociedad del Bienestar, y hasta cierta incapacidad ética para exigir derechos propios, al tiempo que se los negamos a otros con absoluta grosería. 

 

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MEJOR QUE SE ACLARE EL ALCALDE DE PAMPLONA, PORQUE ALGUNOS YA LO TENEMOS CLARO DESDE HACE MUCHO TIEMPO…

 ENCIERRO PAMPLONA 2018

 

Un año más, Pamplona se prepara a celebrar sus fiestas, que en buena medida se sustentan propagandísticamente en la agresión brutal a seres inocentes (los toros), en sus dos versiones principales: corridas y encierros. En este sentido, la Asociación para un Trato Ético con los Animales (ATEA) desea hacer llegar a la opinión pública su firme rechazo a cualquier manifestación lúdica que implique  cualquier grado de sufrimiento gratuito a animales, como es el caso.

Por cuanto a este ámbito, la edición de este año viene quizá especialmente marcada por unas 'pintorescas' declaraciones del alcalde local, quien hace poco decía una cosa y la contraria, al tiempo que trataba de poner 'parches' a lo expresado, creemos que para contentar a todo el mundo, que es la forma más práctica de no contentar a nadie. Nada nuevo bajo el sol…

Manifestaba el señor Asirón que no ve “unos Sanfermines sin eventos taurinos al cien por cien, pero sí a medio plazo sin corridas de toros”. Parece claro que este hombre ha descubierto ahora grosso modo de qué va el tema: encierros sí ―porque son 'una seña propia de identidad'― pero corridas no ―porque la sociedad cada vez las ve con peores ojos―. ¡Todo un despliegue de intelecto político!

Hasta hoy simplemente asistía a la matanza desde su asiento, como ha hecho siempre, de perfil, evitando polémicas que pusieran en riesgo su pulcra imagen. Ahora, cocidito el asunto, ya se atreve a sondear nuevas vías, por ver cómo se acogen aquí y allá. Vamos, lo que bien podría ser calificado como progresismo de laboratorio.

Dice también el señor alcalde que “de cara al futuro nadie se imagina un ocio basado en el sufrimiento animal”. Una reflexión tan bonita como vacua, desde luego. Porque ya nos dirá el primer edil cómo se casan los encierros con ese supuesto 'sufrimiento cero' de los animales obligados a participar en ellos. Hasta donde nosotros sabemos, los encierros constituyen sin lugar a dudas una verdadera agresión psicológica a los animales. En una sociedad que respetase los derechos básicos de todos los animales (y no tan solo los de los humanos), actividades como los encierros estarían prohibidas, y sus promotores serían considerados verdaderos delincuentes.

La fascinación que mucha gente siente por los tradicionales encierros impide una reflexión objetiva y rigurosa sobre las consecuencias que tienen los mismos para sus verdaderas y principales víctimas: los toros. De hacer un esfuerzo mental para ponernos en su lugar, comprobaríamos que el auténtico sufrimiento comienza cuando son raptados de la dehesa ―el único entorno que conocen hasta entonces―, donde tienen a sus compañeros de manada y espacios que constituyen toda su referencia vital. El traslado a cientos de kilómetros es siempre para ellos una experiencia traumática, por su incapacidad para comprender lo que sucede. Sabemos que el estrés severo sufrido durante el viaje les hace perder muchos kilos de peso, y hasta se han dado casos de muerte por colapso.

Ya en el escenario del encierro, todo está concebido para que los animales corran,  y que lo hagan además en la dirección que los humanos desean. La realidad es que los pobres morlacos se muestran aterrorizados ante una multitud extremadamente hostil que les acosa. Es por ello que, en lugar de atacar a sus agresores (un simple desvío hacia los laterales atestados de corredores  acarrearía gravísimas consecuencias para estos), permanecen juntos durante el recorrido, con el único fin de encontrar así un contacto físico tranquilizante. Ningún toro corre desbocado durante varios minutos en su medio natural, salvo que este severamente angustiado y trate con ello de huir de la fuente de peligro. Además, el asfalto constituye para ellos una auténtica tortura que les provoca una permanente sensación de inseguridad. Durante cada encierro son habituales las caídas y los golpes contra las paredes en los bruscos cambios del recorrido. El hecho de no poder refugiarse de quienes les acosan supone un elemento más de frustración para ellos. Digámoslo claramente: los encierros más famosos del mundo, los de Pamplona, son una burda agresión gratuita a seres por naturaleza pacíficos y huidizos. En consecuencia, ni la tradición ni la aceptación secular pueden legitimar esta canallada.

En ATEA seguimos creyendo que TODOS LOS SUFRIMIENTOS SON IGUALES, al menos desde la indeseabilidad para la víctima, sea cual sea la naturaleza, sexo o especie de esta. Por eso condenamos toda agresión gratuita a los animales no humanos, y por pura coherencia ética, también la infligida a humanos hembras, machos, hermafrofitas o asexuales. 

 

 

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