Un representante de ATEA liberó el pasado viernes –en presencia de un funcionario público– a cinco palomas que se encontraban atrapadas en una jaula ad hoc, colocada en la azotea de un edificio de titularidad municipal. La trampa había sido instalada allí un par de días antes, y forma parte de una inaceptable política de exterminio de aves urbanas que el ayuntamiento de la capital vasca lleva a cabo de forma sistemática desde hace décadas, a pesar de que existen diversos estudios científicos que avalan la manifiesta inutilidad de dicha práctica, por cuanto lejos de solucionar el “problema”, lo enquista. De hecho, tal “problema” no existe sino en la cabeza de ciertos ciudadanos, afectados de un inequívoco perfil zoófobo, quejicas enfermizos sobre este y sobre muchas otras realidades sociales, como lo demuestran los datos que maneja nuestra asociación. No puede ser que la administración asuma su política de “despalomización” como simple tributo político a una ciudadanía caprichosa. Y menos aún es de recibo que se haga caso omiso a dichos informes (locales y foráneos), al tiempo que activa de inmediato un criminal protocolo de actuación con solo que unos cuantos vecinos dejen su queja en el contestador automático de turno. Y no procede justificar la masacre aludiendo a las supuestas molestias e inconvenientes que los animales nos ocasionan, visto que el perjuicio que nosotros les causamos a ellos (gaseamiento repetido y coral) resulta incomparablemente más traumático. Queremos decir con ello, en definitiva, que es con mucho mayor el daño que nosotros les causamos a ellas –las palomas– que el que ellas nos causan a nosotros.
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